miércoles, 8 de julio de 2009

Fuego cruzado











En estos días he estado debatiéndome conmigo muy a menudo, yo siempre supe que dentro tenía muchas personas, igual no hago más que contradecirme, tanto en lo que digo como en lo que hago, e incluso en los pensamientos que se supone que me guían. Pero hace poco, dos de las personas que tengo dentro se han puesto demasiado definidas, y territoriales, ya hasta se me hace que voy camino a la esquizofrenia; porque las luchas internas son bien evidentes, con discusiones argumentadas y rebuscadas, bien impregnadas de estres y de gestos imperiosos que, lamentablemente, todo el mundo puede ver. He tenido ocasiones en las que paso de tristeza o ira a las carcajadas incontrolables, en lugares publicos en los que la gente no aprecia mucho que uno se ría solo y se comporte como desadaptado; así que lo único que me queda es buscar una manera de acelerar el proceso, porque si no voy a volverme loca de las que tienen que tomar pastillas, entonces espero que al menos una de estas personalidades tome el control finalmente, que aunque es cierto que sería más aburrido, por lo menos llegaría a ser mas saludable, o manejable.

El ejemplo más claro de todo esto me pasó el sábado pasado, cuando me reuní con unas amigas que no veía desde hace más de un año, y que eran mis amigas del colegio. Ellas siempre fueron lo opuesto a mi, rumberas, a la moda, con novio estable y futuros claros; así que cuando me las encontré, de repente decidí que quería ver que se sentía vivir un rato como ellas, sin preocuparme de males mundiales que puedan resultar en catástrofes de niveles cataclísmicos, sin pensar en todo lo que esta fuera de mis manos, sin negarme cosas solo por hacer parte de todo lo que se me hace medio mañé o desdeñable, como cualquier cosa que no me haga mejor en mi cabeza... jajaj vaya idiotez ¿no?, así que esa noche bebí el licor de las fiestas regionales, fumé sin pensar en que tanto eso me asemeja a mi madre, o en el cáncer que ha matado a la mayoría en mi familia, o en el hecho de que no es que me guste gran cosa, e incluso me dejé llevar por el llamado del tambor al que siempre le hago malacara, y bailé por todos los bailes que me he saltado y seguro me saltaré.
Al día siguiente me levante como siempre, temprano y con ganas de no desperdiciar un segundo en nada que no fuera productivo, pero el sabor de ese impulso por no ser la controladora obsesiva de siempre todavía estaba ahí (principalmente recalcado por las muy dolorosas punzadas en mi cabeza).
Así que me puse a pensar en cómo mi falta de voluntad de repente se había dado la vuelta, porque si soy honesta, yo solo tengo fuerza de voluntad para NO hacer cosas, como lo que no hace parte de la imagen controlada, o las cosas que me da miedo hacer ; que son por lo general las que me muero por hacer pero, que si hago y no logro mis espectativas, solo me llevan directo al mar de desaparición en el que yo me dejo ahogar tan fácilmente. Y ahora, por un lapso mínimo de tiempo, me había dado la fuerza de experimentar con algo que, aunque ya no me causaría ni remotamente el mismo sentimiento de exitante self-revange, seguía constituyendo una de las cosas que yo no me dejo hacer.


Luego, mirando mi comportamiento de los últimos dos años, finalmente llegué a la conclusión de que las señales de guerra se hacían notar desde hace tiempo, aunque en dosis limitadas, y bien espaciadas entre ellas, no como parece ser el caso últimamente, todo tiene, en cierto modo, más sentido: el cambio de carrera, un aumento en los niveles de condescendencia, la publicación de alguna que otra de las pendejadas que escribo, menos cuidado en cada paso, menos reservas, menos cuidado por los sentimientos ajenos, más tonterías oficiales....

Después de tanto auto análisis, terminé dormida el domingo como desde las cinco de la tarde, y ahora todo esto se me hace como denso, como molesto, y medio inquietante, porque, ¿quién sabe que tan sucio se pone el juego entre las personalidades? el caso es que hasta ahora todavía hay rasgos definidos del mí común: la impaciencia por ver y saber más, la adicción a la ficción, los sentimientos de culpa cuando me pongo demasiado irresponsable, la claustrofobia cuando no hay Internet y nada de acceso al resto del mundo... and yet, cada vez más me parece que veo algo de vez en cuando con el rabillo del ojo, como que algo se me viene encima... la cosa es... ¿si será mejor malo conocido? ...

No hay comentarios.: