lunes, 9 de abril de 2012

Medio cadáver exquisito

Pero la vida siempre encuentra maneras elegantes de contradecirnos y justo en el momento en que se levantaba para irse, una mano blanca le detuvo, tirándole de la camisa, como cuando eran niños y se acercaban a los callejones oscuros. Ya era demasiado tarde, no podía negarse, incluso la sensación de ser arrastrado contra su voluntad a una situación peligrosa parecía estar perdiendo importancia, después de todo, no les unía siempre la posibilidad de desastre?
Era extraño que, después de tanto tiempo de intentos velados y sin convicción, se encontrara ahora acorralado por emociones más fuertes que cualquier expectativa. El peso de lo inevitable se cerró al fin sobre su cabeza, como un cielo tormentoso y amenazador.
Alzó la mano y apartó lentamente un mechón de pelo que le rozaba los labios, alargando el momento antes de que todo cambiara irrevocablemente. Había olvidado lo mucho que deseaba esos labios, y verlos temblar sutilmente al roce de sus dedos amenazaba con destruir el poco autocontrol que le quedaba.

Se inclinó hacia ella y se detuvo, sus labios casi tocándose, saboreó la anticipación que ponía sus sentidos en alerta absoluta y cuando ya no podía más, se dejó caer, sus labios se encontraron, primero dulce, lentamente, un cosquilleo recorriéndole la espalda. Luego, las llamas lo devoraron todo, la conciencia, la voluntad... finalmente reducido a respiraciones mezcladas, entrecortadas, un latido rítmico, un pulso, una pequeña sinfonía universal.

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